martes, 15 de julio de 2008

Yellow House

El equipo de Ischia está tan cómodo en USA que se siente en casa... (Amarilla). Hay hasta hinchas en las prácticas. PABLO VICENTE | pvicente@ole.com.ar

No se vive el fervor que se respira a diario en La Boca. Ni el asedio de decenas de periodistas en busca de algún testimonio. Pero Boca ya se siente como en su casa en este moderno complejo deportivo Maryland Soccerplex. En su Casa Amarilla. O, en versión local, su Yellow House. Sobre esas canchas que de lejos se ven lisas como un billar, entre frondosas arboledas como las que mandan en todo este estado de Maryland, el plantel de Carlos Ischia realiza sus entrenamientos por la mañana y por la tarde hasta que la semana que viene, si es que se concreta alguno, llegue la hora de subirse al avión para jugar amistosos en algún lugar del mundo (ver página 12). Entonces, aquí que sí se puede, que no hay cordones ni barreras, que las puertas están abiertas, pasemos y veamos...

El complejo, administrado y mantenido por la Fundación Maryland Soccer, sin fines de lucro, se creó en octubre del 2000 con la intención de promocionar el fútbol en esta parte de Estados Unidos.
Y vaya si lo consiguió: hoy transitan sus 24 canchas alrededor de 25.000 jugadores de clubes y colegios de la zona, el DC United de la MLS a menudo realiza clínicas y torneos y es sede habitual de campeonatos de fútbol femenino del estado. El Soccerplex está ubicado a 35 millas al noroeste de Washington DC, en un pueblito de condominios donde manda la prolijidad y el silencio llamado Germantown, y ocupa 65 de las 260 hectáreas de un parque público recreativo que tiene desde lugares para el picnic familiar junto a un lago hasta juegos de agua y un minigolf de 36 hoyos. Todo, claro, con el inconfundible sello de la grandilocuencia americana. Cada cancha, incluso las tres de impecable césped sintético, tiene estacionamiento para 75 autos, sistema de riego por aspersión y una iluminación y vestuarios envidiable para cualquier club argentino, incluso varios de Primera División. Además, el complejo cuenta con un estadio principal con tribunas y área de prensa, una confitería para 80 personas y con un gimnasio cerrado con otras ocho canchas de basquet/vóley donde también se dan clases de yoga, danza, artes marciales y hockey y baseball indoor, entre otras actividades. Hasta allí, donde Boca llega tras 15 minutos de recorrido en micro, también se acercan los argentinos que se enteran de que nada menos que el gigante de la Argentina anda por la zona. Y en los alrededores de la cancha 8 donde Boca suele entrenarse, cada mañana y cada tarde, le ponen calor xeneize a la práctica como para que la Casa Amarilla norteamericana no tenga nada que envidiarle a la versión original. Con los equipos de mates, las banderas, las camisetas y todo lo que realce el ser nacional, entero a pesar de los años de destierro, ahí están para ponerle color azul y oro a un complejo dominado por las chicas del fútbol femenino.

Para completar los entrenamientos, además, Boca cuenta con un gimnasio con todas las comodidades a pasos del hotel. Los jugadores, como en la intensa jornada de triple turno de ayer, salen del hotel caminando por la orilla del lago, entre gringos que los miran sólo porque todos andan con la misma ropa, y allí trabajan en intimidad. Sólo perseguidos por la camarita de video y de fotos del empleado de Fútbol Profesional, Fabián Fiori, que filma y graba todo por estricta orden del Profe Juan Manuel Alfano. Aquí, al contrario de lo que pasa en cualquier lugar del mundo que pisa Boca, no hay revolución ni nada parecido. Apenas un respetuoso puñado de sudamericanos que se acerca para cumplir con esta costumbre tan latina del autógrafo y la foto para el recuerdo.
Así es la casa de Boca en Estados Unidos. Más que casa, es cierto, una verdadera mansión...
WASHINGTON (ENVIADO).

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